Los Originarios

Los Purépechas

- extracto del libro Los Originarios V1 -

Historia

En algún momento de la historia el poderoso imperio tarasco se erigió en Tzintzuntzan, en aquella tierra de extraordinaria belleza, “donde está el templo del dios colibrí mensajero”; eran dominadores de hombres, hermanos de la gloriosa naturaleza; vieron su suerte al conocer a los poderosos guerreros chichimecas. Transeúntes norteños que se aliaron con ribereños, la similitud entre idiomas hizo posible la unión. La paulatina desaparición de la nobleza tarasca llevo al nacimiento de la “gente común”, ahora eran los p´urhé los nuevos habitantes de la tierra. Leyendas, creencias, más no falsedades; lo que tenemos por certero es que antes de finales del siglo XIX no aparecía el nombre purépecha en los documentos coloniales.

Como cada uno de los pueblos originarios que habitan el continente americano, son fascinantes e inigualables, pero los purépechas tienen algo que los hace destacar aún más; no comparten con nadie la forma de hablar, su lengua es sólo suya.

La madre tierra los hizo fuertes para soportar el no tener mucho espacio donde cultivar, para vivir con la ausencia de cuerpos de agua dulce, y para ser ricos a pesar de la carencia de minas; pero la gracia de lo divino, ya sea nativo o católico, no fue tan cruel con sus hijos, les dio el bosque de pino, principal recurso que más se explota.

Las inclemencias de la naturaleza atormentaron a los españoles que no vieron provechoso conquistar Tierra Caliente, y a pesar del desasosiego, Dios los bendijo con buena gente. Los purépechas fueron los primeros en adaptarse a la organización urbana de los extranjeros conquistadores.

Cultura

Los purépechas se construyen a través de la aculturación, no dejan sus rituales ni su colorido, han adaptado aquello que se asemeja, les conviene o les gusta; sin dejar de mirar hacia el pasado, como eje que define su presente y que los encamina hacia el futuro como herederos de la tierra. Su cultura se desarrolla alrededor de un tiempo ceremonial y un espacio comunal; las plazas, kioskos, atrios, hospitales, es el espacio que los estructura para ser uno solo, en el espacio abierto se expresan las actividades sociales, es el “lugar donde se ve ampliamente”. En su cosmogonía el hombre es un ser vivo, cuiri-pu, que posee una personalidad individual y grupal sin diferenciarse una de la otra; tienen a los dioses y a los antepasados como su comunidad y una jerarquización entre sociedad y familia, que articula su identidad. La tierra no los constriñe, porque ellos creen que su comunidad se extiende más allá de la frontera de la vida y la muerte; más allá de alguna frontera física.

Nunca viven solos, su organización social se extiende hasta el acontecimiento privado, el cual se vuelve colectivo. Una boda es una oportunidad para reunir a la familia de los contrayentes, pero también lo es para reunir a la comunidad. La vida comunitaria importa más que la individual.

Su identidad trasciende el espacio, su esencia no se define por ser indígenas, supera las barreras de catalogación étnica, así como las fronteras nacionales.

La mejor manera de conocer a los purépechas es adentrándose a la cotidianidad de las actividades comerciales, como el trueque; puente que enlaza el pasado colectivo con el presente. Y lo más importante, la fiesta, ésta es parte de su esencia, en la algarabía se celebran las tradiciones prehispánicas que aún se conservan junto con las fervientes fiestas católicas.

 

Nombre y lengua

​Los españoles los llamaron Tarascos con intención despectiva, significa “suegro (a)” o “yerno”, pero ellos se refieren a sí mismos como p´urépechas, que en su lengua significa “gente, personas”. Hablan el p´urhé, que también se conoce como porhe, tarasco, purhépecha o purépecha; no tiene parentesco con otras familias lingüísticas de México. Aunque hay una probabilidad de que se relacione con la lengua wintum del noroeste de Estados Unidos o el quechua de Sudamérica. Se reconocen tres variantes dialectales; la región lacustre, la central y la sierra.

 

Localización

​Se localizan en la meseta Purépecha-Uruapan del sistema volcánico transversal en el centro-norte del estado de Michoacán; la cual se denomina p´orhépecheo o purhépecherhu, “lugar donde viven los p´urhé”; está subdividida en cuatro regiones: Japóndarhu, “lugar del lago”, Eráxamani, “Cañada de los once pueblos”, Juátarisi, “Meseta”, la ciénega de Zacapu. Antiguamente, a la división se agregaba una quinta: Jurhío, “lugar de la tierra caliente”. Los municipios que se encuentran en las tres primeras regiones son: Coeneo, Charapan, Cherán, Erongarícuaro, Nahuatzén, Paracho, Parangaricutiro, Pátzcuaro, Quiroga, Los Reyes, Tingambato, Tzintzuntzan, Uruapan, Zacapu y Ziracuarétaro. Los municipios que se encuentran dentro del distrito de riego de ciénegas de Chapala-Zamora son: Chilchota, Jacona, Tangamandapio, Tangancícuaro, Tingüindín y Zamora.

 

Territorio

​El territorio purépecha se extiende sobre el relieve accidentado michoacano, donde abundan los truncos y planos rellenos de arena. El clima es templado subhúmedo con una temporada lluviosa en la época calurosa del año. Es una zona donde predominan los bosques mixtos, en donde la vegetación principal es: pino, encino, oyamel, cedro, junípero, aile y liquidámbar. La fauna silvestre sigue siendo un elemento importante en la dieta de los purépechas. De la fauna terrestre suelen cazar: venado, coyote, zorro, tejón, tlacuache, mapache, conejo, armadillo y zorrillo; de entre las aves: codorniz, torcaza, huilota, gallina de monte, chachalaca y pato silvestre. La fauna marina, especialmente del lago de Pátzcuaro, ha disminuido la diversidad de especies comestibles debido a la alta contaminación, sin embargo, aún se puede pescar charal, pez blanco, tilapia y carpa.

 

Religión

Quedan pocos rastros de la antigua religión, ya que la mayoría de la población purépecha profesa la religión católica. Hay algunas excepciones, en algunas poblaciones serranas siguen adorando a sus dioses prehispánicos, tal es el caso de Charapan.

 

Creencias

Las divinidades estaban divididas en tres grandes grupos: los dioses mayores: Curicaueri, Xaratanga, Theres Upeme y Uazoríquare; los dioses mediadores: Curita Caherí, Siruncia Arhan y Auicanime; y los dioses menores: Zirita-cherengue, Uacúsecha y Tingárata, entre otros. Eran representados como águila, fuego, piedra, tuza o caimán; forma material que les permitía intervenir en la vida de los hombres.

Los p´urhé creen que su origen es divino, por lo que su historia comienza en el cielo y continúa en la tierra. Actualmente el panteón se ha transformado debido a los cambios que se han dado en la historia; los dioses que aún se adoran en los poblados serranos son: Kuerajpiri, “el que engendra”, es creador del hombre, los animales, las plantas, el mar, la tierra, el Sol, la Luna y las estrellas; Tata Jurhíata, “el padre Sol”, dios del día y al que encomiendan todas sus actividades diurnas; Sana Kukú, Kujtsí o Kukún, “la madre Luna”, diosa de la noche, quien vigila a los hombres por la noche; Japingua o Phitsíkorheka ta, dios benefactor que concede riquezas materiales. Y así como hay a quien adorar, también hay a quien temer, Ach-varihíhua, “el señor de la muerte”, es un ser maligno que deambula por las noches en busca de víctimas; y Miríngu o Miríngua, “el que engaña”, es el espíritu del aire que se manifiesta como un tenue viento que sacude las plantas.

 

Fiestas

Las fiestas están relacionadas al calendario litúrgico católico. Las principales celebraciones se hacen en Cherán, y las que más destacan son: la dedicada a San Francisco, patrono del pueblo, la de Corpus Christi, en la que se realiza una procesión de paneleros o recolectores de miel; y la de “El niño”, el 25 de diciembre. En esta última se ejecuta la danza de “Los negritos” y “La pastorlea”. Y por supuesto, no podemos olvidar la danza de los viejitos, que corresponde a la celebración del ciclo de la cosecha.

 

Salud

La buena salud es resultado de la armonía con la naturaleza, el cumplimiento de las normas comunitarias y las familiares. La curación de las enfermedades se realiza con la medicina tradicional, la cual tiene diversas especialidades entre los terapeutas. La mayoría de los practicantes son mujeres mayores de 55 años, aunque sí hay varones que se dedican a la curación. Los purépechas acuden, principalmente, a: tsinájpir, xurhríjki, eshperi, “curanderos”; pikurpiri, “parteras”; parhíjpiri “sobadoras”; sïkuame, “brujos”; sesi atsintani unicha, juturuntani unï, “hueseros”; uitsákua mítiasti, uitákua jamantspini, “hierberas” y ukata, “los mollereros”.

 

Organización social

Es común la organización familiar extensa. Las viviendas se adecuan para albergar a toda la familia, en donde existen varias habitaciones, pero un mismo patio y solar. Cuando una pareja es recién casada pasa a vivir a casa del marido. La herencia es repartida entre todos los hijos de manera igualitaria, sin embargo, es común que las mujeres vendan a sus hermanos su parte, ya que cuando se casen, abandonaran el seno familiar para pertenecer al de su esposo. Las comunidades purépechas están divididas en barrios, tienen funciones administrativas y ceremoniales, y son precedidas cada una de un santo patrono.

 

Denis Jockmans, pensamientos

Gracias a mi amigo y guía Rafael Hernández Fábila conocí junto con mi prima Regina, quien me acompañó y asistió, a una linda familia purépecha de una isla que se llama Janitzio, en el lago de Pátzcuaro, Michoacán. Ellos tienen un restaurante que se llama Sapichu, especialista en el pescado.

Herlinda es la matriarca y dueña del restaurante. Trajo cinco hijos al mundo y está rodeada de un sinfín de nietos que espera accedan a la educación que ella no tuvo. La universidad más cercana se encuentra en Morelia. Uno de sus hijos menores murió hace doce años. Era pescador y desapareció durante un día de pesca en el lago dejando sola a su joven esposa Yuriliana, de 22 años entonces, y a una hija, Lizbeth. Este tipo de tragedias suceden de manera común en el lago de Pátzcuaro.

Ellos se definen como purépechas, aunque en algunas regiones se les conoce como “tarascos”, bautizados así por los españoles durante la conquista de América. Me gustan los colores de su vestimenta, su vida cotidiana y su amabilidad.

En la fotografía de portada aparece la adorable Sofía, niña purépecha de tres años, con trenzas adornada de flores hechas de tela y un vestido tradicional. Elegí dicha imagen porque en sus ojos vi el futuro de las tradiciones ancestrales de los originarios y su lucha por alcanzar un mejor nivel de vida.

 

En cuanto a técnica fotográfica

Salí junto con la familia de Rafael a las calles de Janitzio y utilicé un flash con control remoto y una caja de luz rectangular. Pasamos por las calles sinuosas, casas, tiendas de abarrotes y de artesanías, y terminamos al pie de la enorme estatua de José María Morelos y Pavón. Usé la cámara Sony A900 y los objetivos Minolta 24 y 50 mm.

Con Sofía quise iluminar por completo su rostro y cuerpo para no perder detalle alguno, por lo que usé una luz frontal alta con una caja de luz rectangular. Hice otras tomas con iluminación lateral que me parecieron muy diferentes e interesantes.

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Los Purépechas

- extracto del libro Los Originarios V1-